viernes, agosto 24, 2018

Puertas

Estoy pensando en releer Puertas (There are doors), una novela corta de Gene Wolfe. Quiero saber por qué la disfruté tanto.


La novela está contada casi en su totalidad desde la perspectiva subjetiva de su protagonista, que busca a una mujer de la que se se enamoró. La conoció una noche, se gustaron, tuvieron sexo. La mina le dice cosas raras, pero a él no le importa nada salvo hacerle el amor. Luego ella se va, dejándole una nota misteriosa...

Buscándola, el protagonista la sigue hasta un mundo paralelo, al que llega atravesando las sutiles puertas del título.

En ese mundo no hay hombres viejos, porque todos mueren luego de tener sexo por única vez. Todo es raro, diferente. Es un mundo de mujeres y de hombres célibes, con una biología distinta que lo ordena de un modo distinto. El ideal femenino es el eje de esa sociedad. Además del héroe, hay otros pasajeros de nuestro mundo, perdidos, que llegaron por alguna puerta y que buscan otra, para escapar.

El protagonista se interna en ese mundo alieno con la actitud de aceptación de lo extraño que tenemos cuando soñamos. Durante todo su periplo, el tipo solo piensa en encontrar a la mujer con la que pasó esa noche. Todo lo que pasa le resulta secundario, y pospone cualquier explicación. El relato es onírico, pero no porque transcurra en sueños, sino en una intoxicación de deseo.

Tal vez ese sea el tema de toda la novela: el deseo masculino, ese narcótico que hace que no nos importe nada en el camino hacia una mujer.

Gran novela Puertas. La recomiendo.

sábado, agosto 18, 2018

¿Vivimos una distopía?

Yo creo que la realidad mundial tiene muchos ingredientes de las distopías clásicas. Pero que, al estar mezclados entre sí y no responder a ninguno de los estereotipos, nos confundimos y nos creemos a salvo...

Ordenémoslos un poco.

Las distopías clásicas

La palabra distopía se construye por oposición a la palabra Utopía, título de una obra de Tomás Moro, donde representaba un no-lugar en el cual se maximizaban los valores positivos. Así, distopía refiere a una sociedad que realiza un orden no deseable, y que maximiza algún aspecto negativo de la vida, para algunos o para todos sus ciudadanos.
Las distopías clásicas son las tres grandes obras de ciencia-ficción
  • 1984 de George Orwell
  • Fahrenheit 451 de Ray Bradbury
  • Brave new world de Aldous Huxley
A las cuales yo agregaría una más
  • The space merchants de Frederik Pohl y Cyril Kornbluth
Rodeados como estamos de propaganda, autocomplacencia y negación, podemos creer que el mundo actual se parece más a la una utopía que a una distopía. Y sin embargo, tal vez deberíamos analizarlo un poco más:

¿Cuánto se parece el mundo de hoy a estas historias?

La realidad y las ficciones

  • En 1984 la distopía es autoritaria. 


    Los ciudadanos pierden el control sobre todos los aspectos de su vida, y son puestos al servicio de la maquinaria estatal en manos de una élite autoritaria. La propaganda del régimen es abrumadora, omnipresente, aplastante.  

    La realidad presente comparte muchos aspectos de 1984. Si bien la represión abunda en ciertos estratos sociales, y la vigilancia y la intimidación son cada día más preocupantes, el punto clave es la posverdad: "Oceanía nunca estuvo en guerra con Eurasia" podría ser un titular en cualquier matutino un domingo cualquiera. 


  • Fahrenheit 451 es la temperatura a la que se quema el papel, y arde.

    Esta es una distopía por distracción. Los ciudadanos comprenden limitadamente la realidad, porque están privados de información, distraídos por la televisión, y se les niegan los recursos cognitivos necesarios. 

    Los libros están prohibidos, porque estimulan el sentido crítico. Los camiones de bomberos cargan querosene para quemarlos donde sea que se los encuentre. Los dueños del poder inician guerras y persiguen opositores, mientras los ciudadanos no se enteran, y se entretienen mirando programas de TV vacíos durante las 24 horas. 

    La vida que hoy vivimos tiene mucho de Fahrenheit 451. La televisión estupidizante llena la vida de los ciudadanos. El culto y la promoción de la ignorancia son la norma. Los libros no se queman, pero la escuela hace un buen trabajo generando fobia hacia ellos.

  • Brave new world (o Un mundo feliz en castellano) es la distopía de diseño. 


    Los ciudadanos son criados artificialmente, preparados desde embriones para aceptar su rol social y ser felices en él. Se idiotiza a quienes serán operarios manuales, se condiciona a quienes harán tareas mas complejas. La repetición de consignas durante toda la vida lava completamente el cerebro de aquéllos a quienes se les permitió nacer con uno. 

    Todos afirman ser felices, pero sólo porque fueron formateados desde la concepción para creerlo así. No hay libertad, pero no es un problema porque ¡nadie la desea!. 

    El mundo de hoy tiene dos aspectos en los que innegablemente refiere a Brave new world: las condiciones de gestación de las clases bajas, hacen que la inteligencia de los futuros operarios se vea disminuida. La repetición de consignas las 24 horas por todos los medios crea verdades, y redefine la felicidad.

  • The space merchants (o Mercaderes del espacio en español) es la distopía liberal. 


    El mundo se hunde en un capitalismo extremo e irracional. Las clases sociales se dividen en productores, ejecutivos y consumidores. Una minoría de productores y ejecutivos viven en la abundancia, mientras la vida de los consumidores transcurre en la pobreza total y absoluta. 

    La ecología se desmorona. Mientras los ricos pedalean en su Mercedes-Benz, los pobres alquilan por horas una cama compartida, o incluso un escalón en las escaleras de un rascacielos, para poder descansar. Los dueños de las grandes empresas controlan el mundo, y dejan al presidente de una nación sentado en una sala de espera sin ser atendido. 

    El mundo actual es casi literalmente The space merchants. Uno diría que llegar a los aspectos más siniestros de esa distopía es, en el camino actual, casi meramente una cuestión de tiempo...

Entonces...

Leamos las distopías, y hagámoslo con sentido crítico. Si creemos que tenemos suerte de no vivir en un mundo así, o que aún no hemos llegado a eso... detengámosnos un poco más a analizarlas. Puede que se parezcan más a la realidad de hoy de lo que nos gustaría aceptar...

miércoles, agosto 15, 2018

Ender y la jerarquía de la exclusión

Post de literatura, total no me lee nadie...

¿Leyeron El juego de Ender, de Orson Scott Card? Es el primer libro de una saga con altibajos, de un autor que cómo personaje público es controversial. Y sin embargo tiene un montón de ideas interesantes.

 

Ender (¿supongo que una traducción sería Finalizador o tal vez Exterminador?) es un niño pequeño, que vive en la Tierra en un futuro relativamente cercano.

Ender es educado en un programa gubernamental para superdotados, cuyo objetivo es entrenar desde la más tierna infancia a los más inteligentes, para que sean estrategas y comandantes militares.

La humanidad está en guerra contra una especie alienígena, y la está perdiendo. Necesita estrategas excepcionales que puedan entender como planifica una batalla una mente extraña, y anticiparse a sus movimientos.

Para eso educan a Ender y a otros niños


El programa de educación es duro, y Ender sufre bullying por parte de los chicos mayores, porque es pequeño y débil. Él evita las peleas y sólo se defiende cuando sabe que puede ganar. Pero entonces sus contrataques son definitivos: cada vez que gana una batalla, se asegura de que el mismo enemigo no volverá a agredirlo jamás.

Por eso es seleccionado para comandar la guerra.
Ender estudia a los enemigos insectores para saber cómo piensan y estar así en condiciones de destruirlos. Pero una vez que los entiende, ya no quiere hacerlo. Cuando te ponés completamente en el lugar del otro, hasta comprender sus motivaciones más profundas, ya no podés odiarlo.

 

De una manera que no voy a contar para no arruinar la lectura, la guerra se gana y el enemigo es exterminado. Ender se siente profundamente culpable, porque entiende las razones de su enemigo, y dedica el resto de su vida a reparar su crimen.


Cambia de nombre, y se transforma en la voz de los muertos que interpela a la humaniad en nombre de la Reina Colmena y su especie insectora exterminada. Echa sobre su propia memoria un manto de ignominia, haciendose recordar como Ender el xenocida. Y desarrolla una jerarquía de exclusión para analizar la relación de la humanidad con otras especies inteligentes.

Tal jerarquía es interesante, incluso para usarla ahora y en la Tierra, y ayuda a entender a qué consideramos el otro.

  • Utlanning es el forastero, a quien si bien no conocemos, podemos identificar fácilmente como humano y como miembro de nuestro propio grupo.
    Uno de los nuestros.
  • Främling es el extranjero, de quien vemos que es como nosotros, pero participa de una cultura ajena que no compartimos.
    Como nosotros, pero no de los nuestros
  • Ramen es el ajeno. Es claramente diferente a nosotros, es miembro de otra especie, pero podemos comprenderlo. El enemigo insector que Ender destruyó era ramen.
    Otro pero comprensible
  • Varelse es el alieno. Es diferente a nosotros, al punto de ser incomprensible, extraño, aterrorizante.
    Otro incomprensible

Buena parte de la saga se centra en el debate sobre los derechos. ¿En qué nivel de esa jerarquía está el límite entre lo que es una persona en un sentido moral y lo que no lo es? ¿En qué escalón está la frontera entre quien es digno de derechos y quien no?

  • Podés reconocerle derechos a un ramen, porque él puede hacer lo propio con vos.
  • Pero si le das derechos a un varelse, solo podés perder, porque nunca habrá reciprocidad.

Y el problema se complica al notar que esa clasificación no es absoluta. El enemigo que Ender exterminó era varelse. Atacó sin provocación y mató a miles. Pero cuando Ender lo comprendió lo vio como ramen. Su mente colmenar no sabía que estaba haciendo daño al matar humanos particulares.

 

Si les gusta la buena ciencia ficción, lean El juego de Ender. Hay una película también, bastante respetuosa de las ideas centrales. El resto de la saga también es recomendable, si bien varía mucho los temas, el tono y hasta la forma de narrar.